viernes, 23 de agosto de 2019

Levítico 16


Capítulo 16: El día de la expiación

1. La muerte de los hijos de Aarón trajo preocupación y miedo. Dios ordena no usar el Lugar Santísimo como sala de estar. Es el lugar donde Dios aparecería sobre la tapa del arca, el propiciatorio, una vez al año. El sumo sacerdote debía entrar con sangre, bañado y con ropa limpia y santa. La desnudez debía cubrirse con prendas interiores. La cabeza también debía estar cubierta con turbante. Dios no quiere nada del hombre, sino que, le proporciona vestimentas de justicia de Él mismo. Ese día se iban a presentar dos machos cabríos. Uno para ser sacrificada y el otro para ser arrojado al desierto. Esto representa ambos aspectos de la muerte de Cristo. Él murió por nuestros pecados y los llevó lejos (tan lejos como el este es del oeste, así aleja de nosotros nuestras transgresión). El que era enviado al desierto, con una misión, se llamaba Azazel. El significado es dudoso. Una de las sectas conocidas interpreta que es Satanás (Azazel, según ellos, sería uno de los nombres de Satanás). Con esta interpretación, concluyen, aquí, que Jesús es el Salvador y Satanás el coredentor, llevando los pecados (v. 1-14).

2. La sangre rociada en el propiciatorio (tapa del arca), propiciaría todos los pecados, sin importar cuáles fueran. La propiciación proviene de la palabra "propicio", es decir, favorable. Somos aceptados por Dios a través de la muerte de Cristo Jesús. No importa qué pecados hayamos cometido, el perdón es absoluto. Esto no exime al pecador de las consecuencias sociales. La expiación propiciatoria (kaphar = cubrir) tornaba al pecador aceptable a Dios. Pero el pecador solo puede ser aceptado, completamente, en Cristo Jesús. La expiación era solo una cubierta. Dios pasó por alto los pecados. El Día de la Expiación debía repetirse todos los años. El sumo sacerdote haría expiación por sí mismo y su familia, y solo entonces haría expiación por el pueblo. Cristo Jesús no necesitaba hacer expiación por sí mismo, porque Él es santo (v. 15-19).

3. El sumo sacerdote puso sus manos sobre la cabeza del macho cabrío, y confesó las transgresiones de todo el pueblo, y lo enviaba al desierto por las manos de uno designado. De esta manera, los pecados del pueblo eran transferidos al animal que se llevaba los pecados. Eventualmente, este animal moriría en el desierto de hambre o comido por bestias, pero la gente ni siquiera lo sabría. Nuestros pecados son quitados para que nunca nos demos cuenta de ellos. Aquellos que participaron de este servicio, el sumo sacerdote y la persona asignada para llevarse la cabra, lavaban su ropa y se bañaban. Esto muestra que el pecado sucio quedó alejado del pecador. El día de la expiación es una fecha importante para los judíos hasta el día de hoy, pero las obras y los méritos personales son enfatizados y no la gracia de Dios en Cristo Jesús [1](v.20-34).

El día de la expiación y el perdón definitivo de Cristo ofrecido al pecador (Lev 16)

1.El pecador no podría venir a Dios si no fuera aceptado por Él (v.1). Somos aceptados en Cristo
2. El pecador no podía venir a Dios en todo momento (v.2). Somos aceptados todo el tiempo.
3. El pecador era acepto a través de un sumo sacerdote (v.3). Somos aceptos por Cristo nuestro sumo sacerdote
4. El sumo sacerdote debía tener ropa especial y limpia (v.4). Cristo es nuestro manto de justicia
5. El sumo sacerdote debía ofrecer sacrificios por sí mismo y su familia (v.5-6). Cristo no necesitaba ofrecer sacrificio por sí mismo
6. La gente necesitaba dos animales para la Expiación (v.7-10). Solo Cristo murió por nosotros y quitó nuestros pecados.
7. El sacerdote entraba en el Lugar Santísimo con sangre para rociar sobre la tapa del arca (v.11-14). Cristo mismo fue el sacrificio que abrió el velo para entrar en la presencia de Dios
8. Esa expiación resolvió todos los pecados de ese año (v. 15-19). Cristo ha perdonado todos nuestros pecados a la vez (pecados pasados, presentes y futuros)
9. El sumo sacerdote ponía sus manos sobre el macho cabrío  para representar los pecados de todas las personas (v.20-28). A medida que confiamos en Cristo, todos nuestros pecados se borran para siempre.
10. El Día de la Expiación se celebraba una vez al año (v.29-34). Cristo murió solo una vez. Somos libres para siempre. Vivimos para Él y no necesitamos más esfuerzos. Solo necesitamos descansar en Él.





[1] Para quien guste oír un mensaje de sinagoga sobre el Yom Kuppur (Día de la Expiación) con el rabino David Weitman acceda a: https://www.youtube.com/watch?v=4a86ZcQ3fhk (15/08/2015). Queda claro como ellos piensan que las buenas obras los hacen aceptos por Dios


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