martes, 6 de junio de 2017

Espadas



"Y en toda la tierra de Israel no se hallaba herrero; porque los filisteos habían dicho: Para que los hebreos no hagan espada o lanza."
"Así aconteció que en el día de la batalla no se halló espada ni lanza en mano de ninguno del pueblo que estaba con Saúl y con Jonatán, excepto Saúl y Jonatán su hijo, que las tenían."
1 Samuel 13:19 y 22

Al inicio del reinado de Saul no existían herreros en Israel. Este era un oficio que podía encontrarse exclusivamente en filas enemigas. 
Tanto era así que los únicos con espada en tierra de Israel eran el rey y el príncipe.
¡Que tremenda ventaja tenían los enemigos en esta situación! ¡Que estrategia más astuta!
Es muy difícil para un ejército prevalecer cuando muy pocos poseen espada... y por lo tanto muy pocos saben utilizarla.
La analogía es clara: Somos un ejército, un pueblo en batalla.
No sólo debemos todos poseer una espada sino que es fundamental que todos sepamos utilizarla bien, y aun más importante: tenemos que enseñar a otros a ser diestros en el manejo de la espada. No sea que un día queden pocos guerreros...
Que el Señor nos ayude a conocer su Palabra, creerla, utilizarla, enseñarla, trazarla bien... formar guerreros diestros que capaciten a otros.
En la iglesia hoy en día no faltan espadas, pero quizás si hacen faltan aún más instructores y aún más alumnos, que estén ávidos por conocer el arte de la batalla espiritual en la que estamos inmersos.
Que el Señor nos llene tanto de unos y como de otros.

Por Mauricio Amaral


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