Capítulo 2: El máximo ejemplo de humildad, Jesús
1. Trae gloria a Dios y gran gozo
en medio del pueblo de Dios cuando los hermanos están viviendo en unidad. No
debemos permitir que asuntos pequeños nos roben el gozo de la fraternidad. El
amor entre los hermanos debería ser deseado por todos. Cuando deseamos el bien
de nuestro hermano, ya lo estamos considerando superior a nosotros, porque el
deseo carnal es siempre el de satisfacerse y dejar al prójimo en un segundo
plano. Hay formas de satisfacer nuestras necesidades, pero también hay formas
de suplir a otros. Siempre habrá espacio en el corazón del creyente fiel para
recibir a otros. Jesús durmió, oró y tuvo su tiempo, pero también vivió para
satisfacer las necesidades de los demás. El vaciamiento de Jesús nos enseña
cómo es posible pasar de nuestras preocupaciones inmediatas a las necesidades
de los demás. Para eso, necesitas un objetivo claro en la vida. Un esfuerzo por
ser una bendición. Nuestro ejemplo es Cristo Jesús. No necesitamos morir en la
cruz o redimir personas. Simplemente debemos ser el canal a través del cual
pasa el amor de Dios para alcanzar a los perdidos, debilitados, sin rumbo, etc.
Las personas no se inclinarán ante nosotros, pero doblarán sus rodillas ante
Jesús. Esta es nuestra tarea en este mundo, llevar personas a los pies de Jesús
(v.1-11).
“Toda enemistad en la iglesia
debe terminar, escribe Pablo, en vista de la “consolación en Cristo”, el “consuelo
del amor”, la comunión del Espíritu” y el “afecto entrañable y misericordia” que
brotan de la participación de los filipenses en Cristo. Es debido a estas
realidades de la gracia de Dios, comunes a todos los creyentes, que Pablo puede
exhortar a los creyentes de Filipos a ser de una sola mente”[1].
“Se discuten los dos estados
de Cristo; el de humillación y el de exaltación. Cristo no solo asumió la
semejanza y el estilo o la forma de un hombre, sino también un estado humilde;
no se manifestó con esplendor. Toda su vida fue una vida de trabajo y
sufrimiento, pero el paso más humillante fue morir en la cruz, la muerte de un
malhechor y un esclavo, expuesto al odio y la burla pública”.[2]
2. Nuestra salvación está
completa en Jesús en el hecho de que Él murió una sola vez y, por lo tanto, ya
tenemos la redención eterna. Sin embargo, esta salvación produce en nosotros
una madurez creciente. En este sentido, nuestra salvación se está completando.
La aceptación del sacrificio de Cristo por nosotros, pecadores, fue solo el
comienzo de una vida transformada, que se transforma cada día según la imagen
de Jesucristo (v. 12-13).
3. La vida del creyente es
superior en moralidad y relacionamientos. El creyente en Jesús sirve como luz
en este mundo. Los incrédulos deben ver nuestra conducta y ser atraídos a
Jesús. Un mal testimonio debilita la luz. Sin embargo, no se necesita mucha luz
para un lugar oscuro. Unos pocos creyentes pueden hacer una gran diferencia en
un mundo perverso. Todo creyente debe procurar desarrollar su fe y testimonio.
El esfuerzo de un predicador debe ser enseñar la Palabra de Dios en su
totalidad, porque es la única manera en que los creyentes pueden ser
fortalecidos en su testimonio. En el Juicio de Cristo, los premios de los
creyentes por su buen testimonio serán también un premio para sus maestros. En
el caso de Pablo, el buen testimonio de los creyentes ya valdrá todos los
arrestos y sacrificios de su vida. El gozo será mutuo (v.14-18).
4. Hablando del buen testimonio y
del máximo ejemplo en Jesús, Pablo presenta otros grandes testimonios de
dedicación y crecimiento en la vida cristiana. Estos son Timoteo y Epafrodito.
El apóstol Pablo podía conocer las motivaciones de las personas por la
dirección de Dios y también por la observación. Evidentemente, no estaba
formando un grupo preferencial, sino solo informando lo que veía en la obra.
Timoteo era aprobado y esto le dio a Pablo la libertad de decir que él era el
único que se preocupaba por los filipenses como el mismo Pablo. Aquí hay una
generalización más que una especificidad, ya que Epafrodito, que será
mencionado, también se ocupa de los Filipenses (v.19-24).
5.Epafrodito quería llevar la
ofrenda de los filipenses a Pablo. En el camino, o ya en su destino, el sintió
mucha nostalgia de su casa. Además, Epafrodito quedó muy enfermo. Cualquiera
que haya viajado alguna vez sabe lo difícil que es estar enfermo fuera de casa.
Incluso para salir de viaje, nos preocupa enfermarnos durante el viaje. Sin
embargo, siempre tenemos que dejar todo en manos de Dios, que nos cuida en casa
o fuera de casa, en nuestra tierra o en tierra extraña. Pablo se sentiría muy
responsable si Epafrodito muriera tratando de servirlo, pero Dios le evitó ese
dolor. Pablo se siente responsable de enviar a Epafrodito de regreso a los
Filipenses. Hizo una mención honorable del ministerio de ayuda de Epafrodito
(v. 25-30).
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